-en el caso del objeto
permanente el objeto no sufre
ninguna transformación real, sino un cambio de posición en relación al campo
perceptivo, los cambios son aparentes, ya que el objeto es ocultado a la
percepción del sujeto. el sujeto puede reconstruir los desplazamientos del
objeto, lo que supone un grado de coordinación de sus propias acciones, una
inferencia, un razonamiento práctico: un conocimiento no derivado directamente
de la experiencia. las acciones sistemáticas coordinadas llegan a compensar las
perturbaciones exteriores (desaparición del objeto debajo de pantallas, sábanas
o almohadones) por reacciones en sentido inverso (volver a encontrar el objeto
levantando el obstáculo físico).
-en el caso de la sustancia, el objeto es real y
materialmente transformado: alargado, achatado, fraccionado, etc. Por lo tanto,
este tipo de transformación involucra una elaboración intelectual diferente:
una construcción conceptual progresiva por interacción entre la experiencia con
la materia y la actividad estructurante del sujeto, que posibilita la
conservación cuantitativa de la cualidad indiferenciada (la cantidad de aquello
de que está hecho el objeto; cantidad que no se mide en unidades sino por medio
de argumentos lógicos.
Sin embargo existe una analogía en el sentido de que se trata de dos
conservaciones: todo conocimiento requiere establecer estabilidades o
conservaciones, de otro modo el mundo sería incomprensible: un flujo continuo
de inconstancias. En ambas nociones hay una permanencia, una constancia, una
conservación a lo largo y a través de transformaciones. El bebé
"reencuentra" lo que salió de su campo perceptivo en el objeto
permanente, así como el niño "reencuentra" la cantidad de lo que está
hecho un objeto cuando se deforma.
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