Esta noción es
presentada por el epistemólogo francés Gastón Bachelard en su obra “La formación del espíritu científico.
Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo”. Allí se
explicita una caracterización no cartesiana de la dinámica del conocimiento
científico, que se oponía al dualismo sujeto/objeto y al reduccionismo en la
interpretación filosófica de este tipo de conocimiento: se trata de un proceso
de producción y superación de obstáculos “en el acto mismo de conocer, donde
aparecen por una especie de necesidad funcional, los entorpecimientos y las
confusiones” del científico en su labor investigativa. Obstáculos que son causa
de estancamiento e incluso retroceso, inercias del pensamiento científico.
Para este
epistemólogo “se conoce en contra de
un conocimiento anterior, destruyendo conocimientos mal adquiridos o superando
aquello que, en el espíritu mismo, obstaculiza a la espiritualización”. Es
decir que la articulación de lo teórico con lo experiencial, al concretizar las
hipótesis científicas, implica necesariamente revisar críticamente la teoría,
lo que a su vez conlleva a perfeccionar los métodos de la experiencia: se trata
de una reorganización dialéctica del saber científico. Castorina (2000) observa
que este enfoque resulta compatible “con los procesos de equilibración entre
coordinaciones de esquemas lógico-matemáticos y observables estudiados por
Piaget”.
En efecto,
para la epistemología bachelardiana el objeto de conocimiento científico “no es
inmediato, la marcha hacia el conocimiento no es inicialmente objetiva. Como en
el constructivismo piagetiano la objetividad del objeto no está al principio
sino al final del proceso, es el resultado de las viscicitudes de la historia
de la actividad de la razón teórica y la experimentación. El objeto de un
conocimiento no participa de la dualidad sujeto-objeto, no es una cosa que
enfrenta al sujeto sino un ´proyecto´” (ob.cit.)
Bachelard
sostiene que en la vida científica los problemas no se plantean por sí mismos,
es necesario que el científico se plantee problemas en torno a su objeto de
conocimiento: “es precisamente este sentido
del problema el que sindica el verdadero espíritu científico”. Para el
espíritu investigativo, el conocimiento constituye una respuesta a la
formulación de una pregunta: “si no hubo pregunta, no puede haber conocimiento
científico. Nada es espontáneo. Nada está dado. Todo se construye”. Es por ello
que pone de relieve que “entre la observación y la experimentación no hay
continuidad, sino ruptura”.
Por estas
cuestiones, el autor plantea que los obstáculos epistemológicos se incrustan en
el conocimiento no formulado, no explicitado por el científico; también en el
conocimiento que no se transforma a sí mismo: “llega un momento en el que el
espíritu prefiere lo que confirma su saber a lo que lo contradice, en el que
prefiere las respuestas a las preguntas. Entonces el espíritu conservativo
domina, y el conocimiento espiritual se detiene”. Advienen entonces los
obstáculos epistemológicos.
Mas allá de la
diversidad que adquieren, estos obstáculos se muestran como un detenimiento en
el proceso dialéctico y constructivo de las ciencias, y ello porque aquel
cuerpo de ideas preexistentes no permite la reorganización del saber. Los
obstáculos se conforman tanto cuando la teoría se encuentra en proceso de
desarrollo como cuando se encuentra ya en desarrollo pleno. En el primer caso,
se trata de una concepción precientífica que se opone a la producción de la
teoría; en el segundo se trata de formas residuales de filosofías espontáneas
del sentido común, que detienen la reformulación de las instancias del proceso
allí donde aparezcan, manifestando una resistencia del pensamiento al proceso
transformador del pensar. Para Bachelard “la ciencia moderna es cada vez más una
reflexión sobre la reflexión”.
Cuando se
produce un obstáculo epistemológico en sus diversas formas y momentos de
aparición en el proceso de investigación, sucede que las preguntas que se
intentan formular en un campo de indagación científica son desviadas o
incompletamente formuladas. O bien las cuestiones problemáticas giran en
redondo sin progresar en su comprensión: se produce un detenimiento sin salida,
debido a la presencia de otra versión explicativa subyacente, no advertida por
el científico, que impide su teorización precisa. Es así que el científico “se
siente impedido de variar las condiciones, de salir de la contemplación de lo mismo y buscar lo otro, de dialectizar la experiencia.
Es científico
debe poseer entonces, una sostenida capacidad de autorreflexión: “el espíritu
científico debe formarse reformándose”, puesto que el conocimiento objetivo
nunca estará finalizado: “hay que inquietar la razón y desarreglar los hábitos
del conocimiento objetivo”. Bachelard sostiene que un descubrimiento objetivo
es inmediatamente una rectificación subjetiva: “si el objeto me instruye, me
modifica. Del objeto reclamo, como principal provecho, una modificación
espiritual”.
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